En abril, prímulas abren alfombras tímidas y los ríos se deshielan cantando. Es tiempo de botas impermeables, impermeable ligero, y conversaciones con apicultores que revisan colmenas. Caminos menos concurridos permiten ver huellas de rebeco y aprender a dejar solo fotografías, sin llevárselo todo.
Julio regala sombra bajo encinas y chapuzones breves en gargantas turquesa. Se eligen horas frescas, se respetan siestas, se llevan botellas rellenables y fruta local. Un guía en Tolmin advirtió: más lento, más seguro. Y al bajar, una sandía compartida supo a triunfo dulce y colectivo.
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